El viernes 20 de febrero nos
plantemos las siguientes preguntas:
¿Cómo dirigir a un
grupo? ¿Para qué sirve?
Sirve para que todos los componentes del grupo empiecen a la vez, toquen a la vez y terminen al mismo tiempo.
Para dirigir a un grupo lo
primero que hay que hacer es imponerse, estar serio y mirar al grupo. A
continuación nos imaginamos que reposamos los brazos (no rectos) sobre una
mesa, y se lo indicamos al grupo. Un segundo después comienza la dirección. Es
decir, cada vez que se bajen los brazos hasta esa línea imaginaria el grupo
dará palmas, al ritmo que marque el movimiento de brazos del director.
El movimiento es del brazo
entero, no de la muñeca, para hacer más previsibles los movimientos y que no
pillen de golpe, pues de esa manera habría descoordinación entre los miembros
del grupo. También nos podemos ayudar de la batuta.
Si trasladamos esta actividad a
una orquesta verdadera, pueden surgir dudas si realmente los músicos ven al
director, pues están mirando la partitura. La respuesta es que sí que lo ven
porque el campo visual que abarca el ojo es bastante grande, y al haber
movimiento nos fijamos en ello.
La experiencia como directores la
pasamos todos de uno en uno. Cada vez íbamos metiendo variantes: al principio
el director dirigía a todos por igual, pero después dividía al grupo en dos
partes, y finalmente con una mano dirige y con la otra señala la fuerza de las
palmas.
En los dos vídeos que aparecen a
continuación, podemos comparar los extremos que puede haber para dirigir una
orquesta. En uno encontramos al venezolano Gustavo Dudamel, quien gesticula
muchísimo, y en otro a Celibidache, que es más estático.

