En la clase del día 23 de enero
nos planteamos la utilidad de las partituras.
Comenzamos elaborando una retahíla con dos frases sencillas. La repetimos varias veces con cierto
ritmo: ¡Venga! Dame una tiza ya! La la la
la y ya! A continuación escribimos su correspondiente esquema rítmico.
Aprovechamos para explicar la
duración de las figuras mediante el siguiente esquema:
La negra es la más grande y dura
4 pulsos. Se divide en dos blancas, con dos pulsos cada una (1/2 de una
redonda). Cada blanca se subdivide en dos negras, de un pulso cada una (1/4 de
una redonda). A su vez, cada negra se divide en dos semicorcheas de medio pulso
cada una (1/8 de redonda). Ocurre lo mismo con los correspondientes silencios,
pues tienen la misma duración que las figuras.
Tras esto, concluimos que las
partituras sirven para escribir en lenguaje musical los ritmos que realizamos
al cantar.
En la segunda parte, aprendimos a
realizar la misma coreografía que Paula Rojo en el siguiente vídeo:
El
profesor Tomás nos la fue enseñando poquito a poco, por partes. Como lo hace
Paula Rojo en este vídeo:
Una vez que ya lo habíamos practicado lo suficiente lo fuimos haciendo uno a uno o por pequeños grupos según estábamos sentados. Cuando uno terminaba comenzaba el siguiente, haciéndolo de seguido como un canon. Comprendimos que aunque nos equivocáramos debíamos continuar, pues llegaba un momento que teníamos el ritmo automatizado.



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